martes, marzo 20, 2007

Tradúceme a tu luz.

Huyendo de la densidad del aire
Evaporándome en cada murmullo
Estas manos que anhelantes
Se ciñen a tu pelo
En una ráfaga trémula
Por donde surge la ilusión.

Encaminado en el sendero
Dando vueltas tras los pasos
El círculo se cierra
Alrededor de mi garganta.

Sostengo otras notas
Me mantengo entre las llamas
Y lo líquido que mana
Se desprende
Se retiene
Se marchita
Otro paso surge luego
Dado en falso
Me derrumbo.

Y tú
Que en la cercanía te noto distante
No sé a qué le temes
O tal vez no quiera verlo
Porque es difícil de admitir.

Tómame
Moldéame en tu fuego
Tradúceme a tu luz
Que este idioma no lo entiendo
Me gusta la oscuridad
Pero prefiero el refulgente sabor de tus labios.

Sé que no soy océano
Pero mi oleaje quiere bogar
Hacia las costas de tu piel
Porque ahí se alimenta el alma
Ahí puedo ver
Lo que hay detrás del día o de una noche
Que fría muere lenta
Esperando revivir
Por los ecos que desprende.

Quiero ver el sonido de tu voz
Tradúceme a tu luz
Y juguemos con las lenguas
Humedeciendo al corazón.

viernes, marzo 02, 2007

Huellas en la sal.

I

La marea azota en las ventanas
Y se extiende formándose en vértices,
Matizadas entre las olas,
Cuando se juntan en un beso líquido,
El cielo se nublará celoso,
Comenzando a llorar
Por la falta de ese tacto.

Es entonces que mis pasos,
Y sus marcas en la arena,
Dejarán un rastro palpitante
Para perderse después entre la espuma,
Al igual que los sueños
En las últimas semanas,
No basta con mirar alrededor
Gimiéndole cansado a la luna
Por la presente ausencia
De esas manos
Ciñéndose a mi piel
Con la rabia del deseo.

Son los vientos que se pierden
Tras los suspiros de mi pecho
Y en la matutina,
Transmutada con la piel nocturna,
Me abrasa con el sólo propósito
De dejarme atrás.

II

Algo se agita lentamente,
Se agita y se detiene,
Se agita
Y en su violencia vuelve a despertarme,
Pensé que estaba en el ensueño
Pero los ojos me engañaron al cerrarse,
La visión en la oscuridad
Se colocaba siempre
Al centro del abismo.

El alma pende,
Trastabillea agonizante
Evaporándose en su doliente brillo,
En su eterna melodía hueca,
¿Qué hacer para salvarla?
Dejar mis huellas en la sal
Es recurrir a la realidad de mi cuerpo
Y prefiero seguir con la forma de los mares,
Siempre con un susurro de sol
Destilándose en los poros.

III

Las sombras apuntan lejanamente en la brevedad de la brisa que ondea en mi silencio, en la mirada distraída y seca. Los dedos me tiemblan y no consigo hablar o siquiera pensar en lo que siento al recorrer mis senderos distanciados de todo brillo, las imágenes son confusas, son reales y realzan cada corte en la piel, pero se libertan en trémulas caricias, se libertan rompiendo en llanto, rompiendo al mundo en ecos. La prisión murmuraba diluída en mi voz, en mi cara y con una lánguida sonrisa advertí el espacio entre las sienes, prolongando lo eterno, haciendo tangible la sustancia de lo onírico, aquella esencia que sólo yo poseía resguardada en mi lengua, pero la esencia no es perpetua, se desboca en un breve suicidio surgiendo a la vida, donde la oscuridad no logra alcanzarla.

IV

Años de aliento,
Aliento sólido,
Solidez húmeda,
Humedad silente,
Silencio roto por la risa,
Risa opacada por las lágrimas
Y todo vuelve a comenzar.

V

La sal no cura las heridas,
Ni las abre,
Sólo está ahí en un neutro sortilegio
Y yo avanzo con etérea danza
Dejando,
Cada cierto espacio,
Huellas
En la sal de tu cuerpo.