lunes, octubre 13, 2008

...Y tú.

I

Te miraba a través de los ojos,
En las hojas llenas de desgracias,
En aquellos fosos del recuerdo.

Te miraba
Y el silencio ensordecedor
Envolvía y diseminaba al aire,
Al humo,
Al mismo ser que pugnaba
Por salir de sus ecos.

Tú tan radiante y tranquila
Que daba asco
El mirar lo que se formaba tras tu sombra.

Respirar el mar de las tormentas
Y naufragar en lágrimas,
Naufragar y quebrar el techo
Que roza la última vista
A la cima de la cordura
Que se asoma desierto arriba
Donde la sal
Sólo cubre los pasos.

II

En la estela de amarga y lenta compañía
Tu olor se escapa de las paredes,
La silueta en el adoquín,
Noches de faros, estrellas
Y otras luces líquidas en oración,
En dilatación,
En lamentos que se piensan y no se dicen,
En las lágrimas secas pero vivas.

Si mi mente es tempestad
¿Qué es mi pecho entonces?

III

El espacio ya vacío,
Impregnado de tu sombra,
Se volvió sombra al morir la noche,
¿Cómo reflejarme ahora
Y en esta oscuridad?
Porque las brasas siguen en la brisa
Y los brazos
Se aferran a las brasas
Como tu nombre a mi voz,
Una exhalación,
La última,
Por el aire que no brota
Sino que se mantiente entre mis venas,
Y la sangra hecha polvo y vestigios
Mana en el lecho de la carne pétrea,
Pero carne a fin de cuentas.

IV

Te miraba
Y la noche hacía gala en tus cabellos.