sábado, marzo 26, 2005

Divagaciones

En mi cabeza suena un ojalá,
Una y otra vez
En mi cuerpo habita la tristeza
Y no me quiere abandonar.

Pese a raíz de mis súplicas,
Las manos de ella no se han juntado con las mías,
Y el espacio duele.

Tras la última bocanada del último cigarro de la tarde,
Muere la felicidad,
Que tenía un poco de sabor a nicotina y ron.

La única que me comprende, es mi guitarra,
Porque puedo desquitar con ella lo que siento,
Y sólo me responde con otra nota.

Mi tristeza tiene nombre de mujer.